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martes, 10 de marzo de 2020

¿Por qué cuando vemos a alguien en situación de indigencia pensamos que nos va a “hacer algo malo”?


Buenas tardes lectores, el día de hoy caminaba a mi trabajo y unas cuadras antes, al atravesar un boulevard vi dos personas de apariencia indigente, pensé en lo difícil que debe ser tener que estar en esa situación, en ese instante ambos caminaban también para atravesar la calle y se acercaron a una mujer que esperaba el transporte público en ese punto, la dama, al verlos tan cerca palideció y se notaba temerosa su semblante era la de una persona que espera un ataque, me imagino que ella pensaba que la iban a asaltar, ella volteó a todos lados y en un momento, por estar yo cerca, me quedó mirando, tal vez con la intención de que yo la auxiliara o hiciera algo, la escena fue muy rápida y de inmediato estas dos personas cruzaron la calle, yo me quedé parado unos segundos reflexionando lo que había visto. La señora, por la sola apariencia de las dos personas que se acercaron, intuyó que estaba en peligro, que iba a ser violentada de alguna forma, ¿por qué cuando vemos a alguien en situación de indigencia pensamos que nos va a “hacer algo malo”? 

Antes de entrar al tema, quiero especificar que me refiero a indigente de forma general como la persona que carece de lo necesario para vivir o que lo tiene con escasez, no solamente a las personas en condición de calle. 

Abraham Maslow fue un psicólogo estadounidense que en la década de los 90’s jerarquizó las necesidades humanas representando lo anterior en un triángulo al que se conoce como la pirámide de Maslow. Hasta abajo del triángulo, aparecen las necesidades más básicas que, de acuerdo al Psicólogo son las necesidades fisiológicas, subiendo por los escalones continúa la seguridad, la aceptación social, la autoestima y todo esto lleva a la cima del triángulo, la Autorrealización. Las personas indigentes cubren apenas y con dificultades las necesidades más básicas, alimentación, descanso, y el mantenimiento involuntario e instintivo de las funciones corporales que hacen posible la vida (que los lleva a tener una mala salud), todas estas cuestiones las percibimos como sociedad, pero muchas veces no reparamos en ellas, es nuestro inconsciente el que abstrae esta situación y marca nuestra percepción. ¿Cómo cubren sus necesidades estas personas?, nos preguntamos, y lo más fácil es pensar que consiguen las cosas que necesitan, de forma violenta, utilizando la fuerza, ¿qué otras herramientas podrían tener?, ¿aquella que tuvieran, no podrían utilizarla para conseguir un trabajo y obtener una remuneración? Nosotros nos sabemos poseedores del ingenio, de la educación, del dinero, herramientas que nos ayudan a subir más en la Pirámide de Maslow, pero que hemos adquirido desde ciertos privilegios (y posiblemente mucho esfuerzo) a lo largo de nuestra vida, no es que las personas indigentes no se esfuercen, es que no tienen acceso a aquellos privilegios que nosotros sí y que en definitiva, en una sociedad humanista no deberían serlo, agua potable, vestimenta, un techo donde guarecerse, una cama para descansar. 

Respondiendo a la pregunta inicial, ¿por qué cuando vemos a alguien en situación de indigencia pensamos que nos va a “hacer algo malo”? Sencillamente porque no comprendemos de qué forma ellos cubren sus necesidades y pensamos que obtienen las cosas con una de las herramientas más primitivas de la historia, la violencia.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Querían visibilizarlo, ya es visible. Ahora vamos al debate.

A principios de esta semana ocurrió una tragedia que se hizo viral pero que afortunadamente terminó solo con una situación incómoda, es todo y nada más. 
Sí, a Karen la buscaban por todos lados... 
En redes sociales su fotografía aparecía con la frecuencia que todos hubiéramos esperado en cualquier caso de una mujer desaparecida, y más aún, cuando existía un mensaje en el que alertaba a su familia de que algo andaba mal. Fue su propio hermano quién pidió la colaboración de los cibernautas y seguramente de las autoridades. Fue un éxito, se logró el objetivo: hacer tanta presión que el gobierno de la ciudad de México tuvo que hacer todo lo que estaba a su alcance para evitar una nueva tragedia, de esas que poco a poco y muy lamentablemente nos estamos acostumbrando a leer en las noticias (espero en verdad que nunca se vuelva algo común). Total, en algunas horas se reportó la localización de la joven desaparecida y hasta ahí tuvimos noticias de este tema, muchos nos sentimos aliviados, nuestra alma descansó, pero no así de muchos otros que comenzaron a cuestionar detalles del caso. 

Para la noche del miércoles, algunos medios de comunicación ya habían obtenido nuevos datos de este hecho, la joven desaparecida en realidad se había ido a un bar, a disfrutar de su día, a tomar un descanso y relajarse divirtiéndose… No sabemos qué la motivó a mandar ese mensaje a su familia en el que mencionaba que iba en un taxi y que se sentía en peligro, tampoco sabemos nada más de su vida ni tenemos por qué saberlo, sin embargo, aquí surge una situación muy importante que también es necesario visibilizar y decirlo con todas sus letras: todos cometemos estupideces, independientemente de las causas por las que esta joven mandó ese mensaje, fue una tontería, algo que no se debe de hacer, algo que obviamente iba a provocar muchas reacciones en la sociedad, ¿qué esperaban, que se le diera un premio? Pero de ninguna forma es razón para realizar un linchamiento ni sugerir alguna clase de castigo o investigación penal. 

Aquí quiero expresar una idea personal, derivada del análisis de estos casos y del contexto mexicano; 

Amigo lector, si es usted de piel delgada y se ofende fácilmente, le doy las gracias y le invito a retirarse, porque esta sin duda es una opinión poco bienvenida para la mayoría de las personas; 

Independientemente del sexo o del género, nadie es bueno o malo por nacimiento, eso depende de muchos otros factores que está por demás explicar en este momento. 
Los actuales movimientos feministas y de derechos humanos pareciera que sitúan de forma exclusiva a los hombres como los generadores de las mil violencias y, como contra parte a las mujeres como las víctimas de las mil situaciones, siempre bondadosas; ésta sin lugar a dudas, es también una óptica sexista y machista (sí, esa que intentamos erradicar y que se sigue replicando aún dentro de los movimientos feministas). Pongo ejemplo de lo anterior: se crean líneas del metro exclusivo para mujeres, ¿por qué? Porque las mujeres son buenas y ninguna podría generar violencia, ese se considera un entorno seguro, en cambio en los vagones mixtos, los hombres siempre faltos de control y mentalidad son riesgosos, son sí o sí violadores, agresores sexuales, bestias lujuriosas a las que solo les importa satisfacer sus más bajos instintos a cualquier costa, transgrediendo cualquier límite y horrorizando a las mujeres (que en muchos casos así es). Sin embargo, esto es satanizar y hacer una lastimosa generalización de un fenómeno poco estudiado y ya de por sí complejo que a la fecha genera opiniones divididas, enfrentamientos y es algo que nadie ha podido controlar. 
Aterrizo la idea: pensar que las mujeres (todas), por el simple hecho de ser mujeres son buenas, con excelentes valores, que nunca dicen mentiras, que nunca se equivocan, es un error. Es inclusive una idea sexista, es pensar que las mujeres no son personas, que son un ente aparte. Pero hay que aclarar, esto de ninguna forma significa que no sean víctimas, que no sufran acoso, violaciones, maltrato y sinnúmero de violencias, no significa que hay que abandonar las luchas ni que hay que perder el interés en buscar iguales condiciones para todos, al contrario, significa replantearse si lo que estamos haciendo está bien o no, si vamos por el mejor camino, si se está exigiendo lo suficiente y sobre todo si estamos entendiendo la importancia de reivindicar las buenas acciones y evidenciar las malas. Al fin y al cabo, a las malas acciones que comete una persona, la principal reacción debe ser un rechazo social, el señalamiento, porque sociológicamente es la primera herramienta para evitar que este tipo de conductas se replique. 

Es imposible no mencionar que en la lucha y búsqueda de la igualdad, se están cometiendo excesos. Porque pareciera que lo que se está intentando ganar es el derecho a la violencia, a la maldad, a esas acciones que los hombres han tenido el privilegio de realizar sin recibir algún rechazo social y que las mujeres también quieren hacer sin que nadie se los recrimine. Pero en realidad, la lucha es para erradicar la violencia y no para que las mujeres puedan realizarla, sino para que los hombres no la siguen cometiendo sin que no pase nada.

viernes, 19 de febrero de 2016

Breves apuntes sobre psicopatología (Trastorno Antisocial de la Personalidad: psicopatía)

La modernidad está alcanzando esferas que, naturalmente, se encuentran expuestas ante la frecuente oleada de información y del creciente uso de las tecnologías, lo podemos notar claramente en la forma en que interactuamos hoy en día con otras personas, mandamos mensajes de texto, hacemos video llamadas o utilizamos redes cibersociales para compartir fotos, audios y video de situaciones cotidianas que antes era suficiente con platicárselo a nuestros interlocutores.


No discutiremos si el uso de la tecnología merma en la interacción humana al disminuir la cantidad de información que percibimos de nuestros emisores, en cambio, resaltaremos cómo el uso de las nuevas tecnologías sirve para modificar y ocultar en gran medida algunos aspectos consolidados del Trastorno Antisocial de la Personalidad.


El Trastorno Antisocial de la Personalidad por sus siglas TAP o comúnmente conocido como psicopatía, está clasificado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV) como un trastorno de la personalidad, y para ser considerado como tal, debe reunir los siguientes criterios diagnósticos generales:


A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:
1. cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos)
2. afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
3. actividad interpersonal
4. control de los impulsos
B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.
C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.
E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.
F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).

Por su parte, los criterios diagnósticos que se deben observar en el caso específico del Trastorno Antisocial de la Personalidad son los siguientes:

A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:
1. fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención
2. deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer
3. impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
4. irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones
5. despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
6. irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas
7. falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros
B. El sujeto tiene al menos 18 años.
C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.
D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.

Resulta pertinente mencionar que se trata de un diagnóstico clínico que debe ser realizado por un psicólogo especializado y/o por un médico psiquiatra, ya que es frecuente que quien conoce por primera vez estos criterios diagnósticos y que no posee formación al respecto, se sienta identificado con uno o más de estos ítems.

Ahora bien, estos elementos ayudarán sin duda a realizar un diagnóstico claro de este trastorno de la personalidad, sin embargo se deben observar algunos otros comportamientos inusuales en el paciente 
al que estemos diagnosticando para que la clasificación sea positiva. En el campo de la criminología es importante conocer aspectos más amplios de este trastorno ya que su impulsividad y demás tendencias (auto) destructivas sirven para catalogarlo como un candidato ideal a cometer conductas antisociales, tanto criminales como delictivas.

No es poco lo que se ha escrito acerca de los psicópatas, pero sí es poco lo que ha escrito un psicópata al respecto de su trastorno. Esto es porque la teoría general indica que para realizar un diagnóstico positivo, quien padece de algún trastorno de la personalidad no debe identificarse con tal diagnóstico, es decir, el psicópata negará en todo momento que sufre de este trastorno, sin embargo he de aclarar que con la formación correspondiente, el suscrito, logra identificar claramente dichos ítems dentro de su comportamiento, motivo por el cual ha surgido el interés por describir más a detalle algunas de las conductas propias de este trastorno de la personalidad, que se encuentra en incubación pausada esperando un evento desencadenante para surgir como tal. 

La interacción humana que se presenta en un individuo con TAP es por demás escasa, hay problemas en la vinculación afectiva con sus congéneres y resulta evidente la falta de motivación para crear lazos de amistad o de cualquier índole que sugiera un acercamiento persona a persona, excluyendo aquellos de tipo carnal que servirán momentáneamente para satisfacer las pulsiones sexuales, sin embargo esa interacción sexual es siempre de engaño, de sumisión y en muchos casos de sodomía. 

La razón fundamental por la que un psicópata busca hacer relaciones con otra persona es para satisfacer algún deseo o buscar algún beneficio propio, con un trasfondo de egoísmo y desinterés por los sentimientos de su contra parte. 

En la actualidad se logran ver casos de adaptabilidad muy bien aplicada, es decir, psicópatas que logran camuflajearse en su entorno gracias a su perfeccionada capacidad para observar y reproducir comportamientos naturales de otros individuos. Aquí es en donde entra en juego la modernidad, la tecnología y demás recursos que pueden evitar el contacto persona a persona, convirtiendo la interacción en simples teclas y texto que van y vienen, en una conversación a la que le faltan elementos propios de las expresiones corporales, micro expresiones y kinésica. 

Es entonces cuando el psicópata puede ser peligroso, porque es un ser aparentemente normal que busca lo que cualquiera buscaría en una sociedad, sin embargo sus intenciones son perversas, desinteresadas por el bien común y tendientes a lograr un objetivo que a veces es poco ético o hasta ilegal. 

Cada vez va siendo más común ver en los noticieros y diarios notas de delitos violentos perpetrados por psicópatas, quienes adquieren fama por sus atroces actos y quienes frecuentemente son descritos por sus “conocidos” y demás personas que alguna vez interactuaron con él, como una persona normal, inclusive amable, que los desconocen completamente al momento de enterarse que ese vecino, o “amigo” es un sádico asesino que con sin culpa alguna cometió un delito por demás horrible. 

Esto tiene explicación, ya que gracias a que la interacción humana prescinde cada vez más de la presencia física de los interlocutores, es posible copiar los actos que una persona normal llevaría a cabo en un determinado momento en las redes cibersociales, como dar los buenos días, saludar al encontrar a alguien o tener una charla cualquiera. Esta capacidad de copiar comportamientos normales también se puede aplicar en el día a día con personas físicas, ya que ha sido practicado con anterioridad en conversaciones virtuales. 

Por último debemos mencionar que quienes realizamos investigación forense, y quienes estamos interesados en el estudio de las conductas antisociales, tenemos que seguir observando con mucha atención la forma en cómo los trastornos de la personalidad se van modificando de acuerdo con la época, ya que algunos de los delitos que ocurren en la actualidad, pueden tener origen en conductas antisociales que se han adaptado y que no cumplen estrictamente con los ítems establecidos por los manuales de enfermedades mentales.

martes, 10 de marzo de 2015

Análisis Criminológico de la doble fila

Siempre he dicho que Criminólogo no es el que tiene un título o un grado en Criminología. Criminólogo es quien hace Criminología. 

Hace algunos meses leí un muy interesante artículo que se llamaba "Criminología de andar por casa" en el que básicamente se nos planteaba la idea de que podemos hacer criminología todos los días, ya que siempre nos topamos con problemas que se pueden abordar y resolver utilizando la ciencia criminológica. 

En esta ocasión, quiero compartirles una entrada que también se encuentra en la página que el artículo ya citado y que resulta realmente sorprendente la forma en que la criminóloga española Carlota Barrios Vallejo realiza un análisis criminológico de una situación tan común como lo es estacionarse en doble fila.  

Entrada original en Criminología y Justicia

Vamos a realizar una sencilla visualización -basada en hechos reales- para analizar desde un punto de vista criminológico, un fenómeno tan habitual como el hecho de encontrar un coche aparcado en doble fila.

Aunque a priori parezca un hecho sin importancia, es una de esas circunstancias de la vida diaria que nos puede ayudar a entender temas tan importantes como la teoría de la anomia, el fracaso de la justicia, la teoría de la asociación diferencial, la impotencia de las víctimas o el concepto de resiliencia.

Imaginad una calle de doble sentido de circulación en el centro de una gran ciudad, con dos carriles para cada sentido, y a ambos lados estacionamientos en línea.

Esta calle es algo complicada en cuanto a tráfico, pues tiene bastante tránsito y por ella pasan dos líneas de autobuses; es difícil encontrar sitio para dejar el coche y además, hay que pagar para hacerlo, pues se trata de una zona de estacionamiento regulado.

Conducís tranquilamente vuestro coche para acudir a un comercio de la zona, son casi las siete de la tarde y habéis planeado estar en casa antes de las nueve, por lo que parece razonable aparcar y disponer de al menos una hora antes de regresar.

No hay ni un sólo sitio para aparcar y además hay varios vehículos en doble fila esperando para hacerlo, por lo que paráis a un lado, apagáis el motor, encendéis las luces de emergencia y vigiláis de vez en cuando la fila de coches aparcados a vuestro lado, con la esperanza de que alguno salga.

Mientras esperaís, véis a algunos conductores saltarse la línea continua que separa ambos sentidos de la calle para aparcar en el lado contrario a aquél donde estaban esperando. También hay conductores que dan marcha atrás más de quince metros para hacerse con un sitio que queda libre, pero no importa: vosotros seguís las normas y permanecéis en el vehículo durante media hora, momento en el que un golpe de suerte hace que salga el coche de al lado. Dáis marcha atrás para dejarle salir y aparcáis.

Tras poner ochenta céntimos en el parkímetro (hasta pasadas las ocho de la tarde) y dejar el ticket en el salpicadero, váis deprisa a la tienda que queríais visitar.

Como no tienen el artículo que veníais a buscar, salís del local a las ocho menos veinte de la tarde y os dirigís al coche.

Al acercaros, observáis que otro vehículo ha estacionado en doble fila justo a vuestra altura; tiene el motor parado y las luces de emergencia encendidas, así que imagináis que su dueño estará al volver y decidís esperar sentados en el coche. Os quedan casi veinte minutos de tiempo de aparcamiento.
Pasa el tiempo y son casi las ocho, por lo que empezáis a impacientaros, a mirar por los retrovisores y a salir del coche para ver si viene alguien.

Empezáis a darle toques al claxon para que si el dueño del coche está en algún comercio o cafetería de la calle, salga y retire el coche, pero no ocurre nada... los pitidos son cada vez menos espaciados y más prolongados, ante lo cual, el dueño de un bar os hace una señal para indicaros que estáis molestando a los clientes de su terraza.

Ya desesperados porque se ha terminado el tiempo de estacionamiento, permanecéis fuera del coche con la puerta abierta y sin poder pitar. Se empieza a hacer tarde para volver a casa.

Dáis vueltas alrededor del vehículo en doble fila e intentáis empujarlo, pero tiene el freno de mano echado.

Casi a las ocho y cuarto de la tarde y todavía atrapados, marcáis el número de la policía municipal, mientras vuestra indignación va en aumento. Aunque dáis la dirección exacta donde os encontráis, la persona que os atiende sólo os pide la matrícula del coche en doble fila y dice que pasará un aviso. 
Diez minutos después ya ha anochecido, la policía no viene y estáis desesperados por salir porque no váis a llegar a casa a la hora planeada.

Observáis que el vehículo que tenéis aparcado detrás, tiene el logo de una carnicería que hay en la misma acera, así que os acercáis a preguntar si el dueño está allí. ¡Bingo! El carnicero sale dispuesto a ayudar y retira su coche para que podáis salir dando marcha atrás.

Antes de marcharos, aparcáis en doble fila delante del coche que os ha tenido retenidos y le dejáis una nota diciéndole lo que ha ocurrido y que os ha hecho perder casi una hora.

Cuando ya os marcháis a casa, véis un coche de policía municipal aparcado a escasos metros y pensáis que es debido a vuestra llamada.

Bajáis rápidamente del coche para buscar a los agentes y les comentáis lo ocurrido, pero ante vuestra sorpresa os dicen que están allí por casualidad: no han recibido ningún aviso.

Aunque ya son casi las ocho y media, decidís llevar a uno de los agentes hasta el vehículo en doble fila. Tras inspeccionarlo y mandar un mensaje por radio con la matrícula, os dice, “pero ya está todo solucionado, ¿no?”.

Miráis atónitos como el conductor del coche en doble fila no es multado de ninguna manera y tampoco acude una grúa para retirarlo,... y todo ello a pesar de que un nuevo conductor está atrapado porque se ha metido en el hueco que habéis dejado y el carnicero ha vuelto a ocupar su sitio.

El policía os dice que para la próxima vez es mejor que llevéis el teléfono de la grúa municipal en la guantera del coche.

Son las ocho y media pasadas, es tarde y no os queda más remedio que marcharos a casa.

El vehículo aparcado en doble fila se queda donde está: su dueño no ha perdido tiempo en buscar sitio para aparcar y se ha ahorrado el parkímetro.

(...)

Análisis criminológico:

El infractor (de ahora en adelante 'X') -

Atendiendo a la criminogénesis del hecho, poco podemos decir, dado que no sabemos qué motivos ha tenido este conductor para dejar el coche en doble fila, pero lo que sí podemos constatar es que no se ha adelantado al posible conflicto que este hecho pudiera provocar.

Existe una clara falta de empatía hacia el conductor o conductores a los que impide la salida, así como una evidente despreocupación por las normas de tráfico y las leyes (sabe que no debe aparcar en doble fila y que debe pagar por estacionar en esta zona, pero no lo hace).

Por otro lado, se puede intuir un cierto sentimiento de impunidad ante una posible sanción (“a mi no me va a pasar”), actitud que no es típica de conductores noveles, sino más bien de alguien experimentado, que conoce bien la zona donde actúa y que probablemente, no es la primera vez que 'se arriesga' a dejar el coche en doble fila por un largo periodo de tiempo.

La mayoría de conductores que dejan su vehículo en doble fila, lo vigilan a cortos intervalos de tiempo o acuden cada vez que alguien toca el cláxon, pero no es el caso de X, que además tampoco se preocupa por esperar mucho tiempo para aparcar, como hace el resto de conductores; esto nos indica que podríamos estar ante un sujeto que se cree superior.

La víctima (de ahora en adelante 'Y') -

Durante los primeros momentos, Y no es consciente de estar sufriendo una situación que le convierte -en cierto modo- en una víctima, por lo que aguanta pacientemente durante casi quince minutos.

No concibe que una persona pueda dejar el coche aparcado en doble fila, impidiendo la salida de otro vechículo, y marcharse sin más, por lo que pasa por un momento de incredulidad cuando por fin es consciente la situación real: está atrapada.

Tras este breve 'shock', Y siente frustración, puesto que realmente lo único que puede hacer es pedir ayuda (tocar el claxon).

La frustración se transforma en enfado e impotencia cuando Y es reprendida por estar haciendo mucho ruido; no sólo se siente mal por no poder salir de allí, sino que se siente incomprendida por una sociedad que además, criminaliza su comportamiento, ignorando el del infractor.

Y llama a la policía como última opción, porque no dispone de más mecanismos para 'hacer justicia'; no puede romper una ventana del coche mal aparcado para quitar el freno de mano y empujarlo, así como tampoco puede pincharle las ruedas, etc... Debido al estrés y a la indignación, por la cabeza de Y planean ideas de venganza, pero sabe que socialmente son hechos reprobables, así que se controla.

Cuando la policía no acude, Y se siente ignorada: las herramientas que el Estado pone a disposición del ciudadano de a pie para que resuelva sus problemas, han fallado, e Y pierde confianza en la eficacia de la justicia.

Finalmente, Y comprende que 'debe tomarse la justicia por su mano' o encontrar una solución legal y creativa para salir de allí, por lo que aprovecha una circunstancia favorable (coche del carnicero aparcado detrás) para solucionar el problema; también tiene un 'detalle' con el infractor al dejarle la nota, pues siente la necesidad de que X empatice con su situación, la comprenda y no vuelva a hacerlo.

En el momento en que Y encuentra a los agentes de policía por casualidad, decide hacer un último esfuerzo por 'hacer justicia' y les señala el comportamiento de X, pero aún así no obtiene la respuesta que busca: no parece que X vaya a ser sancionado de ninguna manera porque Y ya ha conseguido salir, por lo que para la policía, ya no hay problema.

Y presenta un estado emocional muy alterado que la lleva a pensar que quizá saltarse las normas también es una opción para ella, puesto que ha tenido que cargar con todas las consecuencias de la situación (incomprensión por parte de la sociedad, reprimenda por quejarse, ser ignorada por la policía...), mientras que X se ha salido con la suya.

Conclusión -

Mientras que Y forma parte de un grupo cultural mayoritario que fomenta valores como la consideración hacia los demás, los buenos modales, etc., X pertenece a un grupo cultural que choca con esas ideas (teoría de la asociación diferencial), por lo que ambos están 'condenados' a no entenderse.

Si bien en esta situación, sería necesario un agente mediador (en este caso, la policía), es Y quien tiene que proporcionar la solución al problema, tanto en beneficio propio (sacar el coche de allí) como en beneficio de la sociedad (aleccionamiento de X mediante una nota).

Y tiene que realizar también un esfuerzo para soportar una situación desfavorable con entereza (resiliencia), e indirectamente se le exije que sea paciente, que sea cívica y que siga las normas, cosas que no parece que nadie le exija a X (justicia ineficaz y desigual).

En cuanto a la justicia, en este caso existe un doble fracaso por su parte: primero al dejar impune el comportamiento de X, dando mal ejemplo a otros ciudadanos que pueden imitarle, y segundo al no 'hacerse valer' sirviendo a Y, con lo que se da una situación que la víctima no concibe como 'conforme a la ley', ni siquiera por parte de los agentes encargados de aplicarla (pérdida de respeto por las normas).

La estructura social no ha proveído a Y con las herramientas necesarias para lograr su meta de hacer justicia (teoría de la anomia), con lo que se le llegan a pasar por la cabeza cosas como saltarse las normas, 'tomarse la justicia por su mano' o delinquir para vengarse de X (hacerle algo en el coche).

Este caso puede parecer jocoso, pero es un excelente ejemplo de desorganización social: mientras unos indivíduos campan a sus anchas sin recibir ninguna amonestación, otros sufren las consecuencias, y aunque tratan por todos los medios de llamar la atención sobre el comportamiento del infractor (cosa que no depende de ellos sino de los agentes encargados de hacer cumplir las normas), este hecho puede seguir produciéndose por la falta de respuesta de la ley.

Indirectamente, es una forma de generar criminalidad, dado que el infractor sale reforzado de la situación y la víctima, así como otras personas, pueden verse tentadas de saltarse unas normas que no se hacen respetar.

Como apunte final, hacer mención a la necesidad de una justicia restaurativa, y no sólo de una justicia eminentemente práctica, porque el problema de la víctima en este caso no era que quería salir de allí, sino que un vehículo mal estacionado se lo impedía; no se trata de una exigencia por parte de la víctima, sino de un conflicto derivado de la desorganización social: una persona se salta las normas y perjudica a otra.

La víctima no quiere serlo, pero otra persona la pone en una situación complicada, y esa es la verdadera génesis del conflicto.

Por eso no basta con que la víctima haya conseguido salir de allí por sus propios medios, sino que la justicia debería tomar parte activa en la resolución del problema (el coche en doble fila) desde su base, ayudando a la víctima y no convirtiéndola en el foco de atención mientras se ignora el comportamiento que ha generado su victimación.